¿Por qué utilizamos el juego para trabajar lengua y matemáticas? Porque la motivación y la emoción son fundamentales para el aprendizaje. Es evidente que un niño no se cansa de jugar, pero sí de hacer sumas, restas, multiplicaciones, adquirir vocabulario, practicar la lectoescritura, etc. Por ello, es esencial aprovechar las posibilidades que el juego ofrece para la consolidación de los contenidos.

Por todo lo explicado, ha de ser evidentemente, un juego con intencionalidad didáctica que busque alcanzar unos determinados objetivos. No se trata de jugar por jugar, sino de hacer estimulante el aprendizaje.

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